Llegamos un viernes, felices, listos para acampar, pusimos las tiendas, Camila estaba llena de energía, corría para un lado y para el otro. A la madrugada llegaron mi cuñada, su esposo y mis sobrinos. No hace falta decir que los niños estaban tan emocionados que decidieron ir a visitarnos a las 6:30 de la mañana, y para alguien que no tiene hijos aún, ¡eso es muy temprano en sábado!
Estuvimos jugando, echando relajo y después decidimos irnos a caminar y escalar.
Camila y yo íbamos en la delantera, llenas de energía, metiéndonos en cada riachuelito y remojando las patitas... a la mitad del camino, después de 2 1/2 millas y un ascenso muy pronunciado, decidimos descansar, y un poco más adelante encontramos descenso bastante, bastante pronunciado. Como escaladora profesional empecé a bajar la pendiente, rápidamente, Camila a mi lado y feliz... eso creía yo. Al final del camino llegamos a una laguna fría y transparente. Me asusté mucho pues Camila se metió y no quería salirse, jamás de había comportado así, mi cuñada pensó que ahí quedaba mi linda perrita. Mi sobrino se paró en la orilla de la laguna y cayó dentro de la misma... se asustó mucho, pero no estaba profundo.
Finalmente logré sacar a mi perrita, nos faltaba aún como 1 1/2 millas. De repente Camila se sentó y no dió un paso más. Revisé sus patitas y estaban todas lastimadas, ampolladas; no sangraban pero ya no podía caminar. Si su papá no la cargaba, yo iba a tener que cargarla y la perrita peso alrededor de 30 kilogramos. Cuando le dije que la cargara pensó que bromeaba, pero después se dio cuenta que no iba a haber forma de llevarla de regreso.
En ese momento me quedó claro que estaba con la persona que debía estar. Comparte el mismo cariño y responsabilidad por los animales, actuó de acuerdo con la situación y lo más bonito es que Camila se dio cuenta. Después de cargarla la primera vez, ella siguió caminando otro poco, y cuando ya no pudo más, se sentó y comenzó a mover la cola viendo hacia él, pidiéndole que la cargara... y así fue que logramos regresar al campamento. Desde entonces se creó un vínculo aún más fuerte entre los tres. Pero creo que las imágenes hablan más que todas estas palabras.







